martes, 8 de abril de 2014

Dios conoce la historia pero no la razón





Jesús sigue crucificado en todas las paredes. Su sangre se sigue derramando por gordas señoras pesimistas que decidieron poner toda su fé en las manos de su creador para no cargar más con la culpa de ser parte del problema y no de la solución.

Voy sobre una tostada en una nube de mantequilla, la suspensión absorbe la carretera y yo me deslizo a través de ella. Detrás de mi 2 satélites que son las luces de un carro. Es reconfortante saber que voy detrás de otro destino zig-zagueante. Demasiada bebida y poca comida me atrevería a decir, otra vez.

No somos los únicos. Ni en la carretera, ni en el mundo, ni en el derrocamiento a la sobriedad. Paralelo a nuestros zig-zags otro borracho menos afortunado avanza tambaleante con paso lento. Podría asegurar una y mil veces que al igual que yo, los deportes y él nunca convivieron en convivieron en el mimso renglón de cualidades comunes a destacar, sin embargo, esa noche sus brillaron sus habilidades como acróbata por necesidad más que por experiencia. Esquivaba carros al mismo tiempo que cargaba una borrachera espesa y equilibraba el peso de su cruz sobre la estrecha banqueta genérica que derrocha tragantes, levanta mupies y sostiene postes que conectan una maraña de cables que van de aqui para allá despreocupadamente por toda la ciudad, igual que los ebrios de la madrugada.

Mounstrosas fábricas con enormes fauses y colmillos dirigidos a la yugular se comen el alma de un pueblo impulsado por el hambre y el trago. Poca comida, mucha bebida. Tiranos divididos por ideologías contrarias se divierten en un feudo sin reglas. Tiran de las cuerdas para ver que marioneta baila mejor. A donde fueres haz lo que vieres. El pueblo grita "REVOLUSION" con una mano empuñada hacia el aire y la otra bien extendida cobrando a las personas incorrectas, porque poco nos interesa, lo que les fue arrebatado hace 500 años. Un colorido pueblo que tiene toda la intención pero ninguna voluntad.

Y los forasteros amarillos de cigarros caros, excesivo ajo y video loterías se entretienen descontando los segundos a una masa deforme con voz suave y sin piernas que ha venido cabizbaja a pedir una mejor forma de sobrevivir una mala vida. Están cansados revolucionar las sucias paredes del Centro Histórico con spray negro y rojo comprado en oferta.

Y ahí está el monstruo con la masa deforme, jugando a hacer zapatos, blusas y crucifijos con el mas vulgar y tibio petróleo para que Cristo crucificado siga colgado en cada pared juzgándonos en silencio. Dios conoce la historia pero no conoce las razones. Las razones del bolo, del asesino, del judío tacaño, del infiel y la del traídor son diferentes, pero las historias son las mismas ante la vista de un pueblo moralista que está convencido en ser los ojos de Dios.

Queremos lo que no tenemos, en cuanto obtenemos lo que tenemos, queremos algo mejor y en cuanto lo perdemos añoramos lo que tuvimos. Hacemos lo que podemos y lo que no debemos porque no siempre se tiene lo que se quiere ni se puede hacer lo que se debe. Arjona lo puede explicar mejor en 5 álbumes de estudio y 3 en vivo.

Querer, deber, poder y tener (que)... las 4 esquinas de un cuadrilatero donde nuestra maraña de historias quedan expuestas a los golpes de nuestras decisiones. Elegimos un golpe y salimos del cuadrilatero contando una historia sobre como ganamos (o perdimos) sin que nadie se pregunte porqué accedimos subir a un ring. Está bien, quienes creen ser profundos terminan por ahogarse en un mar de pensamientos.

Me senté al borde de mi cama. Sentí como mis ojeras recargaban el peso de mis ojos moralistas. Tuve la necesidad de escribir una historia sobre mantequilla y satélites mientras manejaba ebrio pero ahora no recuerdo la razón que me motivó a hacerlo... Solo Dios sabrá.