lunes, 4 de agosto de 2014

Si me hubiera suicidado



Fue un día de junio que pensé seriamente en suicidarme. Me refiero a un verdadero suicidio, no una amenza para llamar la atención o una excusa válida para andar de drogo. Un suicidio real, con sangre, sanguchitos de funeral y una carga psicológica de culpa irremediable para mis viejos. Hasta busqué en Google un "how to".  Me dio hueva leer tanto sobre pastillas, venenos y nudos que mejor me puse a ver un video porky. Si no me iba ahorcar del techo saltando desde una silla, por lo menos iba a ahorcar el ganso con un video porno guatemalteco que recién había encontrado navegando en la deep web.

Las paredes de block pintadas de amarillo, el piso cerámico blanco y un póster desteñido de Winnie Pooh con una cita bíblica tiraban a todas luces que era Guatemala. Probablemente un lugar afuera de la ciudad o una zona marginal. En primer plano había una cama llena de peluches y una silla. El video duraba apenas 6 minutos, así que decidí darle una oportunidad. En ese pequeño cuarto habían 3 personas, el que filmaba, una prostituta y un travesti con pechos de mujer pero paquete de hombre. La prostituta (panzona y desnuda) amarra, latiga y nalgea a su cliente. Insistía en que le iban a dar rico por ese culito. Para ese entonces no deseaba otra cosa más que el video terminara. Me quedé con la mano entre los bóxers, boquiabierto viendo lo que pasaba en el video. Estaba tan intrigado que tuve que sacarme las manos de entre mis pantalones y ponerlas debajo de mi barbilla. Estaba impactado. La tercera persona, quien filmaba solo se reía. El travesti cubierto en cuero gritaba de dolor y placer con cada pesa que le colgaban de sus pezones. El video termina inconcluso. Para ser un video porno, dejó mucho a la imaginación.



Fui a trabajar triste al día siguiente. Suspiraba en cada alto. Odiaba la vida, el tráfico, la rutina, esta puta ciudad, la falta de sexo y fracasos, las envidias y los sucesos me daban más ganas de suicidarme. Saltar de un puente (quizás dos para estar seguro), tomar un coctel de cloro con Racumín, estrellarme contra un trailer, meterme en el Gallito, lo que fuera con tal de desprenderme de toda existencia, pasar a ser parte de las estadísticas y las historias fallidas. Desaparecer. 

Sin embargo, no dejaba de pensar lo simple que era suicidarse. Lo frágil que es la vida y tantas cosas que te pueden matar: un cuchillo, pipí de rata en una lata, una descarga eléctrica, un ataque al corazón, el piquete de un zancudo, una podadora de césped, una nuez, tu suegra... Suiciadrse es muy fácil y muy egoísta. Suicidarse debería ser algo de honor kamikaze. Algo que no cualquiera pudiera hacer. La parte complicada no es tomar el valor para hacerlo, eso es como quitarse un pellejito. La parte difícil es llenar el vacío que queda después de la muerte. Lo menos que un suicida podría hacer es comprar un ataúd a precios de muerte. Como si no fuera suficiente para los demás tener que lidiar con la culpa y el vacío, sino también con todos los gastos de un velorio.



Salí a tomar el viernes y el sábado como cualquier otro fin de semana. Me junté con uno de esos amigos chingones. Esos que siempre andan de buen humor y han vivido tanto como han cogido. Había llegado con 3 amigas, dos de ellas eran gemelas. Muy guapas todas. Este mi amigo, las había conocido en una gasolinera hacía 2 semanas cuando el novio de una de ellas se peleaba con el guardia de seguridad porque —supuestamente — le había tocado una nalga al salir de la tienda. Al parecer fue un mal entendido, ella iba demasiado drogada en pepas como para recordarlo, pero quien le tocó el trasero fue su amiga con la bolsa de cerveza al salir y el guardia lo único que hizo fue abrir la puerta. La cámara de seguridad lo reveló todo. Las otras 2 amigas no hicieron nada. Él separó al guardia de seguridad y a Ricky, su nuevo cuate desde hacía 2 semanas y novio de una de las gemelas. Ricky lo invitó a una fiesta después del incidente de la gasolinera donde tomó hasta doblar. Hay fotos que lo prueban.

Sus historias siempre me suben el ánimo. Algunas son muy intensas y con posibles consecuencias serias. A pesar de eso, me arrepiento no aceptar todas las invitaciones que me hace pues pudiera ser parte de ese caos que lleva consigo. Deja una huella de acción por donde pasa. Como la vez que me contó su chingadera en un bar de narcos de la zona 10 y terminó peléandose con los meseros y la PNC. Lo llevaron a Tribunales. Salió de la carceleta a las 4am, regresó a su casa y fue a trabajar así al día siguiente. Él seguía tomando como si nada y yo ya sentía que las paredes van y venían de derecha a izquierda. Me levanté de la mesa, fui a la barra para pedir una bebida energizante. Una de sus amigas se acercó a mí. Tenía ese look rockero-sweet. La oveja negra posiblemente. Ojos delineados de negro, pelo negro brillante, tank top, pantalones de cuero y Converse. Me pidió una lata de lo que yo estaba tomando. Le regalé una. Me pidió que la acompañara al baño. La acompañé hasta la puerta. Me pidió que la esperara. La esperé. Salió del baño, se acecró a mí, me besó, me pegó contra la pared, los 2 sosteniendo nuestras latas, me agarro entre las piernas y se fue.




Al salir del bar, le conté a mi amigo sobre mi encuentro afuera del baño. Me advirtió que tuviera cuidado con ella, su ex-novio era un maníatico celoso y le gustaba ir de putas. Pasamos a Taco Bell. Me sentía cansado pero contento. Me regalaron un burrito extra porque se habían equivocado en la orden. Ya eran las 3 de la mañana, la hora de satán y de los borrachos. Sobre el boulevard Los Próceres un carro se pasa en rojo, frena a fondo y se estrella contra un poste. Vi hacia ambos lados y me fui.

Regresé a mi casa. Borracho. Caliente. Contento. Lleno de vida. Revisé mi computadora para ver si las descargas ya estaban listas. Lo primero que me apareció al abrirla fue el sitio con fomras de suicidio. Vi los comentarios sobre los artículos de suicidio con armas de fuego. La mayoría eran de hombres frustrados. Tristes. Sin importancia. Una mancha de sangre más en el piso. Otra muerte desapercibida. Otra bala desperdiciada. El suicidio dejó de parecerme una opción. Me pareció más una moda para parecer interesante. Como tatuarse, ser gay o activista sin visión. Si pudieramos matarnos 2 veces habrían imbéciles que harían del suicidio una forma de vida. 

Vivir es suicidarse a largo plazo.