domingo, 13 de octubre de 2013

Propuesta indecente en tiempo diferente

Un corazón roto es un corazón que necesita ser anesteciado. En mis sueños, hasta las cervezas tienen etiquetas de medicina —Tómese 3 diariamente. Puede causar efectos secundarios: dolor de cabeza, náusea, vómito y sueño—. Por eso, todo corazón roto necesita ser bañado en alcohol y suturado por amigos, amigas, amantes y propuestas indecentes.

Los sueños es un tema que me ha intrigado últimamente. Soy escéptico en materia de espantos, hombres mono habitando en cuevas del altiplano, seres submarinos y autoridades reptiloides, pero puedo sentir que los sueños son algo más que imágenes construidas por la mente mientras dormimos para no aburrirnos.

Me despierto tarde y confundido. De golpe abro los ojos con una pequeña angustia al saber que perdí a alguien a quien encontré en mis sueños y me confesó todo lo que no quería escuchar. Me veo obligado a salir por un par (y otro par y otro par) de tragos, hasta que las emociones de tristeza queden flotando en mares de cerveza a punto de ser vomitados.

Conozco a otras personas con historias fascinantes, como el guardespaldas del hijo de un importantísimo político nuevo quien me contó que en sus tiempos libres monta espectáculos sadomasoquistas con su esposa. Me enseñó fotos de su esposa en su iPhone 5, pues él no es celoso, pero quien la toque, la mata con su flamate arma.
Conocí a Rafa, el bolo solitario de la tienda de barrio quien dice no saber tocar guitarra, pero sus amigos lo idolatran por ser el mejor guitarrista que han visto en su vida, según él. Ahora veo que idiota me miraba cuando presumía que podía tocar guitarra. Le regalé un cigarro, ya no quería escuchar más sobre que tan bien tocaba el flamenco o covers de Yngwiee Malmsteen.
Y lo mejor fue volver a encontrarme con personas quienes tenia algún tiempo de no verlas. Admiradoras de Romeo Santos y fieles... A las propuestas indecentes.

El bar había cerrado pero la noche no había terminado. Seguimos en las canchas de una colonia a las orillas de la ciudad. Compartimos una caja y poco a poco, me la llevé lejos, donde el triste farol amarillo no iluminaba lo suficiente como para reconocernos a lo lejos.

Me entregó un papelito escrito con su puño y letra y un corazón al final. Me besó con pasión y dulzura. Me dejó sin respiración por la intensidad del beso. En el papelito, estaba escrito una propuesta indecente y acepté sin notar, que estaba en un tiempo y espacio diferente.