jueves, 2 de octubre de 2014

Amándote en privado

Estaba sentada con la pierna cruzada, recostada en el respaldo de la silla. Miraba hacia abajo. Tenía una mano sobre su abdómen y otra a la altura de su boca sosteniendo un cigarro. Llevaba un vestido amarillo tallado a la perfección. La luz asimétrica iluminaba su rostro, su cabello y su boca; angelical. Suspira. Parece desesperada; empieza a mover su pie ansiosamente. Está sola. Exhala el humo hacia arriba, hacia la nada. 

Por atrás se acerca un hombre de traje gris. Su rostro se ilumina más. Sonríe. Se pone de pié y lo abraza. Él coloca coloca gentilmente sus manos de hombre sobre su suave rostro. La ve a los ojos y le dice algo tierno. Ella se derrite. Se besan intensamente... Y mientras el tiempo sigue en moción suspendida para los enamorados, un bolo lleva media hora cagando en el baño y los meseros llevan bandejas con whiskys triples. El Serrucho sigue sonando. Alguien suelta una carcajada en el fondo y nosotros seguimos hablando de cómo el ébola es el principio de The Walking Dead.



Doy un trago grande a mi vodka con jugo de naranja y sonrío de lado. Recordé aquellos días cuando unos besos me cortaban la respiración. Cuando hasta el poema más cursi encarnaba en el 'amor de mi vida'. El tema cambia. Alguien menciona que tengo un blog y que los pelo en este. Si supieran que ya no sé que inventarme. La vida es aburrida como freelance. Ya no sé que escribir. Quisiera levantarme e interrumpir su beso para decirles que el amor es etéreo, pero no lo hago; sigo con mi vodka.

Me aturde ya no saber qué escribir. Estoy desparramado sobre mi silla destartalada pensando qué escribir. Un año después de mi última ruptura de corazón pareciera que mi lapicero no tiene tinta y que mi hoja en blanco no tiene fin. No escribo nada.



Desatapo un octavo. Veo Ren y Stimpy. La nostalgia me venció. Suspiré. Abro una cerveza y le di volúmen a Bronco (igual que hace un año)...  Recuerdo a los enamorados. Me recuerdo enamorado. La nostalgia me vence nuevamente. No importa, mañana parto hacia El Lago. Ojalá un año atrás hubiera hecho lo mismo.

"No hay corazón, corazón, corazón que aguante" —  Dice Guadalupe —Yo sigo desparramado sosteniendo la lata en la mano— "y el mío ya se me parte". Entiendo a Guadalupe. Lo entendí hace un año exactamente cuando nunca pensé que algún día tu me pagarías con una traición. Entendí el sufrimiento de su pérdida. Su llanto de tristeza por amor y su enojo por una traición. Entra tantas canciones está la historia de amor de todo hombre; de cualquier hombre sin importar su status social, condición económica o apariencia.



Pero no todo es desamor para Guadalupe, el Pony Choche y sus amigos Broncos. Ellos saben lo que es querer a una mujer, perder la razón por su musa, desearla e (intentar) hacer arte inspirada en ella. Pareciera que  el amor es para todos la mimsa mierda vista con ojos diferentes.

Siguen besándose en una esquina aleajdos del ruid. Me desagradan. Me dan asco. Me parece de mal gusto, pero no digo nada. Me contengo, Me pongo en sus zapatos. Me recuerdo enamorado, colgado de un huevo, sin razón o corazón. Me desparramo más sobre mi silla. Ahora estoy más ebrio. Pienso en qué escribir y sólo puedo pensar:



ÁMENSE EN PRIVADO, donde su olor sea el único aroma que importa; su voz la única guía y su tacto el cariño más grande de la habiración. Ámense en privado donde su presencia sea la máxima expersión cursilería y su deseo el máximo culto a la perversión. Ámense en privado donde el perdón sea la máxima expresión de amor.

Me caí de la silla y sigo sin saber qué escribir. Escribí esto.