jueves, 15 de julio de 2010

Duelo de un suicidio

Siempre había detestado esa frase que termina diciendo que el suicidio es un deber, porque en el culto siempre dicen -por todas las muertes que se ven en AlDía y la matanza de pilotos que hqy en el país- que nadie, ni uno mismo, puede quitarse la vida. No lograba explicarse para sí misma o concebir tal idea, esa aterradora idea del suicidio. Sabía que en esta vida muchos son los misterios pero que se vuelven sin importantancia cuando uno tiene fé en 'Diosito' pues en 'Dios' todo se puede.

Aún así, seguía sin entender porque su padre lo había hecho. Seguia sin entender porque ya no quería comer, ni porque ya no se bañaba o ni siquiera tomaba aquel elixir-calma-angustias como él lo llamaba. Lo mantenía equilbrado y siempre le había gustado. Odiaba que su padre tomara esas pastillas pero odiaba aún más que las dejara de tomar. Y es que ya no era el papá que le contaba historias de cuando iba a barranquear con sus amigos de la infancia o de como hacía cigarros de tusa y los fumaba abajo de los árboles en la finca que tenían.

No entendía como pasaba días sin bañarse, sin hablarle a nadie o sin hacer más que susurrarle a sus escopetas en el estante de armas que tenía en el taller. Habían muchas cosas que eran una gran confusión pero que entre toda las complicaciones de la vida, de ella y su padre, estas ya habían pasado a segundo plano como parte de la cotidianidad. Era como ver un conjunto de normalidad unirse con otro de anormalidad en donde lo anormal ganó sobre lo estándar.

- Es que ya ni le quiere hablar a sus amigos del cuartel. Ahora sólo se encierra en su taller a hacer figuras que ni entiendo... O sólo hace cruces de madera y perros sin cabeza de hierro y me dice 'mirá mija, estos cadejos me van a llevar a la casa'"

Pero lo que más le sorprendía era los detallista que era para hacer las cruces y el tiempo que se tomaba en hacer las cabezas de los 'cadejos' que después decapitaba. Era lo único que reflejaba aún algo de vida entre toda esa depresión profunda.

Le dolía verlo así: sin vida y sin ilusión en vida. Le dolió más encontrarlo tirado en el taller con esos incofundibles olores a aserrín y sangre mezclados, abrazando el octavo cadejo que hizo y un octavito sin terminar, con todas las escopetas, pistolas y cuchillos que había usado para atrapar a aquellos indios querrilleros traidores; todas las armas limpias, pulidas, listas para usarse una última vez, aunque fue sólo una la escogida y no iba a ser nada menos que su favorita. La misma que le había regalado personalmente Serrano Elías en su casa de campo con todo y el silenciador, justo un año antes de todo el escándalo de un extraño golpe de Estado. El arma había cumplido la última misión pues ahora lo acompañaba en el piso, a la altura de su cabeza, con todo y el silenciador.

Nunca entendió el porque de su depresión, pero descubrió el significado de la frase "cuando vivir es un martirio, el suicidio es un deber" y sabía que al menos ahora su papá ya no sufría.

Pero lo que le dolió más fue oír decir a sus "amigas" y demás gente del 'Templo', el día del entierro, que su papá segurmanete se encontraba ahora en el infierno y que no había nada que lo pudiera salvar del fuego y del castigo eterno, pues él decidió alejarse de 'Dios' y suicidarse. Le repitieron varias veces que no había nada que pudieran hacer por él, ni orar, porque su alma no merece ir al cielo.

Lo que la confunde ahora es la razón del por qué no se puede orar por él, ni por qué 'Dios' no ama a todos sus hijos ni acepte a todos en su 'Reino', sobre todo de aquellos que sufrieron en vida y que cada dían suman mas, ni como toda esa gente puede fingir por todo una hora, ser no-pecadoras.

¿Acaso la "Ley de Oro" no dice...?