miércoles, 24 de octubre de 2012

A bajas espectativas, grandes sorpresas

A pesar de estar quebrado y con la excusa que me prestaran unos cables para cargar la batería de mi carro  que de la nada murió, llamé a mis aleros para armar algo tranquilo, de preferencia en mi casa para no gastar tanto.

Después de darle vueltas al asunto sobre qué comprar o a dónde ir, terminamos yendo al Centro, como siempre. Salí sin bañarme y sin pasar al cajero, después de todo, solo íbamos a estar un rato y nadie creía que fuese a ser una noche como la que fue. 

- ¿Ya saben qué van a pedir? -nos preguntó la mesera-
- Bueno, ¿qué compramos?
- Si queres un par de litros, así tranquilo
- Eh... Traenos 2 de Cabro

Casi no había nadie a la hora que llegamos, lo que me dio la ventaja de ver a la nueva mesera que me pareció de lo más linda y más aún después de los primeros 3 litros compartidos. Estaba tomando y comiendo(me a la mesera) hasta que como buen ebrio,  en frente de los demás, propuse que iba a conseguir su número. Mis aleros no dudaron en insistirme en que lo hiciera o en llamarme hueco si no lo hacía.

Creamos una estrategia. Yo ordenaría más y más alcohol, lo suficiente como para perder la vergüenza y pedirle su número. Hasta hoy, cada vez que lo pienso me saca una sonrisa de lado pues nunca he sido de esas personas que no tienen inseguridad corriendo por sus venas. Parte del plan, era verme como alguien sofisticado que puede comprar grandes cantidades de alcohol para sus amigos sin escatimar gastos, sabiendo que el dinero con que lo iba a comprar no era exactamente mío. En mi mente me miraba cool as fuck.

Llegó la mesera desconocida con otros 2 octavos de rosa de jamaica y nos preguntó si necesitábamos algo más. Esta fue mi oportunidad.

- Sí, necesito tu número
- ¿Por qué?
- ¿Por qué no?

No dijo nada.

Estaba todo preparado. Tenía una tarjeta de presentación de un abogado o algo así, que sirvió como lienzo para que pintara su número.
Con el mismo lapicero con el que había firmado los últimos 3 vouchers, escribió su número. Se tomó su tiempo, todos en la mesa estábamos absortos, sosteniendo nuestros tragos a media altura, viendo como "Maru" escribía su nombre y su número en la amarillenta tarjeta que guardé rápida y celosamente en mi billetera como si fuera un billete de a 200.

Para celebrar, pedí otros 2 litros y otro octavo. No todos los días logro hazañas tan extraordinarias como conseguir un número de una desconocida.

10 minutos después estaba besándome con una extraña que estaba en la otra mesa. Creo que fue suerte por no haberme bañado ese día.