martes, 4 de febrero de 2014

Estar en la lona y equivocar el camino (II)

La falsa utopía de un mundo perfecto se hundió hace unos días 
en un baño infecto políticamente decente y correcto.
Sos un policía, sos como un insecto.
Flotás tranquilo y seguro alrededor de la mierda.
Te veo andando derecho resbalando por izquierda.
No existe nadie que sepa ninguna cosa en la tierra,
y si estás libre de dudas tirá la primera piedra.
Fito Páez — Desierto


La lista no es extensa, pero algunas se equivocan al fijarse en mí. Se equivocó la psicóloga, la ingeniera, la desempleada, la estudiante, la gorda, la drogada y la borracha y la artista y la tatuada y la que no me besó y las otras que ahora no recuerdo por cargar unos shots de más sobre el ingenio. De cualquier forma, puede ser que yo quien esté mal por haberme fijado en todas ellas.

Cuando tenga 60 años y me de cuenta que a esta edad estaba equivocado, espero poder escribir sobre cientos y cientos de mujeres como lo han hecho otros (verdaderos) escritores. Voy a escribir con vicio sobre mis apretados éxitos, mis múltiples fracasos y más que nada sobre las infinitas incomodidades por mi carencia de habilidades sociales generales que injustificadamente son parte del encanto que intento vender a los clientes que no me compran. Nunca he sabido a que mujeres saludar de beso y a que mujeres de mano (intento no saludarlas la mayor parte del tiempo). Muchos creerán que es machismo, pero es confusión simple y plana. Aún no estoy seguro a quien debo interpretar en un funeral. No sé si debería saludar a los papás de mis amigos cercanos con la mano extendida y los dedos viendo hacia enfrente, esperando un fuerte y varonil apretón de manos o con los dedos hacia arriba esperando un saludo poderoso, juvenil y despreocupado. Saludar haciendo contacto física a las personas que no conocemos está muy mal. ¿Por qué no podemos limitarnos a agitar la mano y decir "hola"?.

Hay pocos clientes pero es una temporada buena. Hay mucho trabajo y eso es bueno. Solo el trabajo produce riqueza. Nunca está demás tener los pantalones bien puestos para cobrar lo trabajado. Ojalá mis escasos clientes tuvieran la decencia de pagar sin que yo esté sobre ellos reclamando cifras de dos dígitos. Cuatro dígitos en el mejor de los casos. Malditos clientes, quieren trabajos perfectos y que nunca se les cobre ni un centavo. Es una ofensa para ellos cuandos reclamo cien pavos por un trabajo que entregué a las 5 de la mañana por ser de suma urgencia. Están mal. Estoy mal por no saber cómo hacer negocios como los grandes pseudo-empresarios.