jueves, 5 de abril de 2012

Así es como

No era como lo había imaginado o como lo recordaba. La última vez que estuve más de 2 días en San Pedro o sus al rededores había sido mucho tiempo, cuando fui con un viejo amor y un par de amigos a relajarme un poco para Semana Santa.

Pérez Molina cabildeó demasiado bien con la oposición para implementar Políticas de Estado y así reformar las partes "inconvenientes" de la Constitución, permaneciendo otro período más. Después de eso, todo se vino en picada más rápido de lo que creíamos, quizás por eso es que ahora trabajo en uno de los medios escritos que más detesté y hablé mal en lo mejor de mis 20's.

Al finalizar su primer período electoral, Pérez Molina logró darle una auténtica estabilidad al país. Cumplió la promesa básica de seguridad y empleo. Todo marchaba de maravilla, tanto, que la oposición dejó por un rato el juego de oponerse y quejarse por nimiedades.
Nadie quería darse cuenta de todo lo que pasaba detrás de esa falsa perfección porque todos y todas de alguna extraña forma habían recibido lo que querían. Dinero, propiedades, libertad, Poder, lo que sea.

Ni siquiera los líderes indígenas, los sindicatos, los maestros o las víctimas del último conflicto armado se pronunciaron en contra del Presidente o del partido.
Fue justo en ese año cuando empecé a trabajar en el equipo de noticias. El periodismo no era ni remotamente como lo imaginaba. No existía tal glamour periodístico en salir con la cámara colgada al cuello y la tablet bajo el brazo listo captar todo cualquier cosa que pudiera aparecer en las páginas de los nacionales.

En devolución de un favor, me habían dado permiso de seguir una noticia que impactaría hasta los medios internacionales y sería publicada sí y sólo sí no afectaba la coyuntura con el actual gobierno. Poco tiempo después me di cuenta que lo que estaba a punto de descubrir no solo afectaba la coyuntura con el actual gobierno sino que me convertiría en el enemigo número 1 del Estado.
Y es que... Tenía tanta lógica que aún no entiendo como pudimos cegarnos ante tal atropello de Poder y Autoridad por tanto tiempo.

Básicamente, lo que el Estado hizo  a través de las últimas reformas constitucionales, fue vender nuestros ríos, lagos, selvas vírgenes y zonas petroleras a Estados Unidos a cambio de seguridad y empleo, dicho sea de paso. No hay quien no lo recuerde. La Policía Nacional Civil, la Policía Militar y el Ejército recibió "invaluable" ayuda por parte del gobierno Estado Unidense en tropas para combatir el narcotráfico y equipo militar, incluyendo un jet de última generación y 2 helicópteros de rescate.

Poco a poco, las tropas Estadounidenses se fueron asentando estratégicamente cerca de los ríos, lagos y bosques, extrayendo agua y cortando árboles sin dejar a las comunidades nada a cambio. Quien tiene la fuerza tiene el Poder. Además, muchas personas sentían respeto y admiración por ellos porque sentían una conexión entre ellos y sus familiares que habían cruzado la frontera. De cierta forma, pensaban que al ser amables con ellos, sus familiares, estarían mejor y los militares estadounidenses creían que al ser amables con los campesinos podrían obtener información relevante.

Mi tarea era simple aunque complicada. Tenía que tomar fotos, cual espía de mi infancia, de las tropas estadounidenses extrayendo agua del lago. Por eso, había decidido hospedarme en un pequeño hotel de 50 quetzales cerca de la Iglesia. Me sorpdendió lo poco que habían cambiado los precios y el pueblo desde el 2009.

Una semana había transcurrido ya. Estaba fascinado con el pueblo y esa buena vibra que está en el aire, en las paredes y hasta en los vasos fríos que guardaban en la refrí algunos restaurantes.
Todos los días me quedaba en la hamaca hasta las 3 de la mañana intentando escribir sin éxito una novela al estilo de Sartré, un cuento al al estilo de Ronald Flores, escribir una canción con tanto sentimiento como las de Giovanni Pinzón o inventar poemas fluidos como Pedroza o mi primo a quien tenía más de una década de no verlo. Desde ese punto también podía ver lo que pasaba en la base, que compartía con la PNC del pueblo.

Ese domingo escuché a la distancia el inconfundible sonido ronco de 2 motores diésel a unos cuantos metros. Saqué la cámara del cuarto y con el lente vi que estaban estacionándose de retroceso, listos para llevarse el agua del MI lago. De NUESTRO lago. Tomé algunas fotos poco claras por tanta casa y reja en entre mi Canon y la injusticia.

Cuando era niño, adolescente y adulto (en teoría), siempre me repetían lo importante lo importante de cuidar el ambiente y sembrar árboles y tirar la basura en su lugar y todas esas cosas. Nunca creí que para el 2033  el agua y el oxígeno limpio fuera un serio problema mundial, sobre todo en Estados Unidos y Europa. Esa era la razón principal por la que estaba en San Pedro otra vez. Para comprobar que Estados Unidos robaba nuestra agua y todavía tenían el descaro de incluirlo como parte del glorioso TLC.

A la mañana siguiente, madrugué, comí un 'crosan' con un Red Bull para tener energía toda la mañana. Aproveché la ocasión y salí a probar la Polaroid que mi abuelo usaba, demás llevaba mi siempre fiel Canon que había sufrido golpes de manifestantes, gas lacrimógeno y caídas repentinas.

Me senté en la banqueta frente a la PNC e hice como si amarraba las correas de mis viejos Vans cafés. los camiones seguían ahí, así que aproveché para tomar unas fotos, me emocioné y tomé fotos como si no hubiera mañana. Me concentré en las mangueras que aún estaban en el lago y en las matrículas mexicanas de los camiones hasta que un Agente de la Policía escoltado por un elemento del honorable ejército americano interrumpió mi labor periodística.

Causé un pequeño alboroto. La gente salió rápidamente de los negocios a ver que estaba pasando. Tanto alboroto por mi cámara, la cual no entregaría hasta que cargaran sus armas, después de todo... Me había costado MUY cara y no pensaba entregarla sólo para que la rompieran en la calle o la usaran los señores oficiales para tomarle fotos a las nalgas de las gringas ricas.

Todo estaba muy tenso y en cuestión de segundos, un grupo de 5 campesinos se bajan de un pick-up verde  oscuro, disparando a lo loco. Bajando la calle, otro pequeño grupo armado aceleraba el paso para disparar a la base.

"Devuélvanos nuestra agua, malditos" 


Ingenuo yo al creer que era el único que sabía que se estaban llevando el agua de NUESTRO lago.
Me tiré al piso, detrás de un Datsun que al juzgar por la condición de la pintura, supuse que el dueño no iba molestarle tener unos cuantos abollones u hoyos más en la carrocería. Las ventana del piloto se rompió en miles de chayes cuando llegó la primera bala.

Hay que admitirlo... El narcotráfico no es sólo maldad, odio y decapitaciones. Le dio el desarrollo que merecía ese pequeño pueblo paradisíaco. Los narcos terratenientes del lugar bendijeron al pueblo una escuela, un hospital, seguridad en ellos mismos y armas para defender las extensas plantaciones de marihuana, las bodegas de coca y los toneles de químicos. Ah sí, y una policía tranquila quien ahora parecía estar más preocupada por lamer botas americanas que negociar con narcos chapines.

Estaba en medio de un auténtico fuego cruzado. Al fin, mi extraño sueño de ser reportero de guerra y ver las balas pasar de un lado a otro estaba cobrando más vida y más vidas de las que quería.

No sé ni como, logré meterme medio cuerpo debajo del carro. Desde ese punto pude sacar fotos de los campesinos disparando sus escopetas y escuadras con toda la furia contra los pobres militares estadounidenses que apenas contaban con unas cuantas armas automáticas, un Humvee, 6 Hilux y una base con aire acondicionado.

Los camiones arrancaron y se fueron lo más rápido posible. Algunos campesinos lograron subirse en la cabina y desafortunadamente... Mataron al piloto del camión, quien seguramente no tenía nada que ver con la situación. Escuché el disparo. Vi cuando la salpicadura de sangre salió por la ventana y se detuvo cuando estrelló con la pared de un hotelito.

Salí corriendo hasta refugiarme detrás de un escritorio del Café Internet. El fuego se apagó. Todo había terminado. Saqué un poco la cabeza y vi 3 cuerpos tirados frente al local.
Hacia mi derecha el camión empotrado contra la pared y hacia el otro lado un agente de la Policía era arrastrado sin vida desde las botas por dos de sus compañeros hacia la base.

La noticia tuvo tanto impacto que EFE, Fox News y otras corporaciones similares, se tomaron la molestia de cubrir resto de los sucesos e hizo que la Comunidad Internacional tuviera otra vez, un ojo en Guatemala. Por mi cuenta, recibí un premio de periodismo en México y otro en Argentina e incluso fui considerado para un premio Pullitzer, sin embargo ganó un africano quien grabó durante 2 años el proceso de paz entre la guerrilla y el ejército los cuales habían estado por más de 30 años en conflicto.

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Y así es como me visualizo en 10 años. Espero que eso responda su pregunta, de cómo me gustaría visualizarme en 10 años y cuáles son mis mayores aspiraciones o sueños. 


La verdad, sigo sin saber qué haré en 2, 3, 5, 10 o 15 días como para saber qué haré en 10 años.


La entrevista de trabajo fue un fracaso y la señorita de Recursos Humanos creyó que mi perfil psicológico no era el adecuado. Como si fuera todo un psicópata. 


Por cierto... Acutalmente no trabajo como periodista, ni estudio Ciencias de la Comunicación, ni tengo una Polaroid así que por favor, dejen de preguntar qué haré en 10 años.