martes, 10 de abril de 2012

Te extraño tanto

Ella ocupa un lugar especial en mi mente y mis memorias.
De las pocas mujeres de mi vida, ella fue totalmente diferente. Fue directa y sin rodeas, cosa que para alguien tan amishado como yo fue extraordinario y shoqueante. Lo confieso, me gustó sentir ese Poder sobre mí, no porque fuera sumiso sino porque me ahorró la difícil tarea de decidir. 

Algunos dirían que ella fue quien me corrompió. Para mi fue la mujer que me enseñó a vivir al borde y divertirse al máximo sin incumplir responsabilidades. Una en un millón. 

Ella sabía lo que quería, sabía que yo lo quería y aún más astuta, supo cómo conseguirlo. Fue ahí donde me di cuenta que es más estúpido el hombre que dice que las mujeres son estúpidas porque a diferencia de muchos de nosotros, ellas saben jugar muy bien sus cartas (entre otras cosas)... Además de contar con más de 2 poderosas armas de persuación, claro, si la situación lo amerita... O quizás yo sea el estúpido que habla de más creyendo que sé de mujeres cuando en realidad puedo contar con las manos aquellas con la que en serio ha pasado algo más que un saludo de beso en el cachete. 

Esta historia inspirada  en el sabor del libertinaje, empezó con pláticas más superficiales que mis aspiraciones de clase-mediero. Cosas relacionadas con el trabajo y bromas de oficina. Simplezas cotidianas. 

Al tiempo, con ayuda de algunos tragos y algunas infalibles líneas prefabricadas para ligar, nuestra relación de oficina iba a saltar de la silla detrás de la computadora directo a la cama, con una única escala en el carro.

Nuestra relación se volvió completamente surreal o irreal, grandioso, glorioso, estúpido, sumamente carnal y extremadamente peligroso. En conclusión, de esas memorias que valen la pena recordar mientras esté vivo u ocurra algo diez veces más sorprendente. 

Su cabeza entre mis piernas; una mano en el volante y otra sobre en su cuello por debajo de la blusa, una playlist perfecta, mezcla entre hard-rock, dubstep y Pink Floyd; pesadez de cabeza post Quetzalteca y una carretera con tantas curvas como las prometidas al llegar la jungla, al polo Norte o a la casa de los espejos... De la habitación temática.

Eso me hizo pensar meses después, en un estado sobrio y frió cual beso de culminación, que de no ser así, seguiría sin tener una auténtica experiencia de sexo, drogas y rock and roll que tanto anhelaba secretamente después saturar mi imaginación con filmes al estilo de The Fight Club, Rocanrola, Califotnication, The Big Lebowsi, Pulp Fiction, Choke y todas aquellas donde el personaje principal fuera un completo anti-héroe o alguien badass.

Fue un camino desafiante, sobre todo para un cuerpo que lidiaba con varios espíritus, un sofisticado constituyente re-energizante y una pesada materia de pastizal.  
Hubo una subida en la que paralelamente sentí la muerte y la vida en todo mi ser. 
Su cabeza seguía donde debía estar, la playstis sonaba como debía sonar, la luz de reserva seguía amarilla, la pendiente seguía retándome y la confusión seguía burlándose de mi poca comprensión por saber que estaba pasando fuera de mi pantalón. 

El único cambio fue el la letra "D" por la "N" en la palanca de velocidades. La situación ya era lo suficientemente confusa como para tener que resolver porque el carro iba hacía atrás y no hacia adelante sin importar cuanto presionara al acelerador esperando sentir la patada del "potentísimo" motor Corolla disfrazado por Toyota como un Celica. 

El carro ya casi había regresado al inicio de la pendiente y sin embargo, la playlist seguía sonando y la luz de reserva seguía brillando. Después de una exhaustiva investigación en el tablero, descubrí que la palanca estaba en "N" y no en "D", especulé que la causa fue un codazo involuntario. 

Fue épico. El carro nos llevó hasta el garage de casa de espejos, luego hasta la casa de la mujer directa y sin rodeos, después a mi casa y todo, sin dejar de estar en reserva o mejor aún, sin salarse semanas después.

A veces extraño tanto a ese maldito carro.