jueves, 26 de enero de 2012

Imaginá

Llegué a la Universidad media hora antes, justo 10 minutos después del inicio del receso. Todas y todos estaban ocupando los pasillos grises de la Universidad: reían, exageraban gestos, se abrazaban, chateaban, formaban círculos y existían como se supone que deben existir.

Años atrás, sentía una pequeña fobia al atravesar todo el estacionamiento hasta mi clase en el último edificio. Era una mezcla de creer que estaba siendo juzgado, miedo a verme ridículamente sólo y sobre todo, toneladas cúbicas de inseguridad.

Ahora simplemente atravieso los pasillos, viendo casi-adultos de saco y corbata, hipsters adorando el mainstream, camisolas del equipo en turno, uno que otro rockero, catedráticos hablando por teléfono, la pareja enamorada, el trabajador que nunca suelta el smartphone y para qué negarlo: chicas lindas en tacones, tights, blusas de hombros descubiertos y skinny jeans a la medida, en medio de una marea baja de personas.

Cuando la paranoia de creer estar siendo observado me atacaba, simplemente sacaba mi celular y enviaba algún mensaje ficticio, revisaba Facebook o hacía algún comentario sarcástico en Twitter al respecto, pero en estos días, camino aún más lento, me tomo mi tiempo para ver observar y ver cuan genial es el sentido de pertenencia en mi generación y bueno... Otra vez, ¿para qué negarlo? también para darle un vistazo a todas las chicas lindas [por no decir algo más salido del guacal].

A excepción de ese día, siempre eran los mismos escenarios recreados por el mismo tipo de personas en los mismos lugares y con las mismas situaciones.
Generalmente caminaba cabizbajo, evitando las miradas y sumergido en lo más profundo de los pensamientos imaginativos que construyen mi burbuja, pero no ese día. Seguía fascinándome al ver tanta gente, tan embebida y alienada que pensé "es estúpido sentirme juzgado, si ellos son los que ahora están siendo juzgado por el simple hecho de ser ellos, curioso".

Avancé otro poco y en el ínterin que observaba descaradamente lo que la morena en pantaloneta y su amiga de blusa morada ofrecían para alimentar mi imaginación mis reflejos de piloto Rally me ordenaron parar si no quería chocar. Supongo que no tuve tracción suficiente porque me topé con todo una personaje: Cabello pintado color amarillo-Abelardo, sombras negras, labial rojo, blusa más corta que su torso y 2 tatuajes que salían desde lo más prohibido de su falda de mezclilla. Realmente atractiva a pesar de toda su excentricidad.

Instantáneamente supe que era de primer ingreso porque llevaba su horario impreso en la hoja que Registro entrega a todos los estudiantes nuevos al inicio del primer ciclo.

- ¡Perdón, perdón!. ¿Está bien?
- Sí, jaja, no se preocupe.
[pensaba seguir mi recorrido viendo tacones, jeans, playeras y todo eso hasta que...]
- Disculpe por chingarlo, ¿sabé dónde está el banco?
[Maldición, otra situación en las que mis habilidades verbales se ponen a prueba. Naturalmente tartamudié por estar pensando en mis escasas habilidades verbales y lo genial que era todo ese micro-evento significante para mí]
- Ehm, sí,  se va por el J, sigue recto y ahí a la derecha lo va a encontrar.
[Vio desubicada hacia arriba y hacia los lados, tratando de encontrar alguna referencia. Me vio con cara casi de Gato con Botas y me pidió que la acompañara]
- Me puede decir dónde, es que es mi segundo día, estuve de viaje y no conozco nada acá
- Ehm... Sí, está bueno

Me contó que estudiaba diseño gráfico y señalando mi playera me dijo que Tool era una de sus bandas favoritas desde el colegio.

Casi llegando al banco un cercano amigo mío que está por cerrar, llega por detrás y me saluda como si no lo hubiera visto en una década:
¡SPEEDY, PUUUTA MIJO!

Ahí fue cuando terminé de imaginar mis situaciones imposibles, en escenarios irreales con personas inexistentes. Me senté en  la banca y alegremente fui parte del grupo hasta que fue hora de entrar a la siguiente clase.